Hablando Claro

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viernes, 19 de agosto de 2011

Una nueva moda teológica: “La dimensión sobrenatural”


! Cuidado Con Las Modas Cristianas De Apostasia !




“Nuestro clamor a Dios es para tu milagro y porque juntos vivamos en lo sobrenatural del Espíritu de Dios”.
Este lenguaje, y otras frases similares y muy relacionadas, están tomando popularidad en la siempre sensacionalista jerga de las grandes estrellas de la iglesia televisiva. Es el evangelio de las ofertas llevado a su límite extremo, ahora la de “vivir en lo sobrenatural”.
Hace poco escuché a Rony Cháves llamar a todos a “entrar en un espacio profético” porque “hay que incursionar en tiempo sobrenatural, donde se para el tiempo”. No es fácil entender el significado de expresiones tan altisonantes y sublimes, ¡pero aparentemente debe ser algo maravilloso y sumamente grandioso!
Otro predicador, en el canal “Enlace”, repitió la fórmula completa: “hay que incursionar en tiempo sobrenatural, donde se para el tiempo, para entrar en un escenario profético”. (Eso de que “se para el tiempo” parece derivarse de la idea griega de que la eternidad es atemporal, de modo que “incursionar en tiempo sobrenatural” significaría entrar en una esfera donde no existe el tiempo. Pero esa idea griega no es bíblica; en la eternidad se vive el tiempo de Dios, aunque no el tiempo finito de la creación. Textos como Sal 23:6, “en la casa de Jehová moraré por largos días” [hebr], o Apoc 22:2, que habla de los meses y años en la nueva creación, muestran que los hebreos no tenían ese concepto abstracto de una eternidad “donde el tiempo se para”).
En la maratónica de Enlace para noviembre 2010, un predicador de nombre Joel relacionó estos conceptos directamente con la ofrenda que pedían como “siembra”. “Hay que entrar en un nuevo nivel”, exhortaba el predicador, “por un momento de posicionamiento [¡Otro aporte impresionante al léxico teológico!]. Diga Ud ahora mismo, me uno a este tiempo profético, tome ya el teléfono para pactar con Dios”. Al parecer el hermano Joel entendía que una ofrenda a Enlace era el “momento de posicionamiento” para entrar al nivel profético y sobrenatural. ¡La ofrenda es como la puerta al mismo cielo!
Un corolario de esta doctrina se llama “el rompimiento”. Este extraño término es una traducción poco adecuada del término del inglés, “breakthrough”, que no parece tener un equivalente satisfactorio en castellano. El término inglés significa salir de una condición para abrir paso hacia una situación nueva. El “apóstol” Maldonado lo describe como “el rompimiento a un nivel sobrenatural” y de “intercesión de alto nivel; una oración sobrenatural”. En medio de toda la ambigüedad, en todas las fórmulas está el concepto de un salto instantáneo que nos hace salir de lo natural para entrar en lo sobrenatural.
Es muy impresionante la creatividad de estos movimientos en inventar nuevas fórmulas, como si inventar nuevas frases nos comunica nuevas y profundas verdades. Pero siempre tenemos que preguntar cuánta base bíblica tienen estas novedades y cuán fiel bíblica y teológicamente son sus propuestas para la vida de fe.
Debe llamarnos la atención que la palabra “sobrenatural” no aparece en toda la Biblia, y la palabra “natural” se usa mayormente para indicar el país de uno (Ex 12.19 y casi siempre; Hch 4.36 natural de Chipre; 28.2,4 etc). Las palabras “natural” y “naturaleza” a veces señalan lo que es normal o correcto (Rom 1:26-27,31; 1Cor 11:14; 2Tm 3.3; Judas 7), pero no en el sentido metafísico griego ni como opuesto a “sobrenatural”. Términos como “divino”, “milagro” (la Biblia no tiene palabra para “milagroso”),”cielo”, “arriba”, y otros parecidos, tienen todos su significado bíblico muy específico, pero ninguno significa “esfera sobrenatural”.
Un texto que podría malentenderse en sentido metafísico es 2 Pedro 1:4, “llegar a tener parte de la naturaleza divina” (Gr. theías fúsis). El contexto aclara el significado de “naturaleza” en este versículo: consiste en dejar atrás la corrupción mundana y “vivir como Dios manda” (1:3-4). No es un cambio metafísico sino ético, no de “esfera” sino de conducta. Lo aclaran muy bien Louw y Nida en su léxico del griego, como “participar en la semejanza de Dios, ser como Dios en ciertos aspectos”.
En fin: bíblicamente, no existe ninguna “esfera sobrenatural”, ni mucho menos una dicotomía o antítesis entre “lo sobrenatural” y lo “natural”. En la historia de la teología cristiana, el binomio ha sido “naturaleza y gracia”, desde una perspectiva cristiana, y no “lo natural y lo sobrenatural” desde una perspectiva metafísica.
Al encarnarse el Verbo divino, no dejó una esfera sobrenatural para entrar en otra esfera, la de lo natural. En un cuerpo humano, de carne como la nuestra, Jesús vivió plenamente su eterna realidad divina, siendo Dios y hombre a la vez, en una sola persona humana. Tampoco pasó su vida terrestre tratando de escaparse de la esfera natural para irrumpir en la esfera sobrenatural. En su vida, muerte y resurrección, todas plenamente humanas, él nos salvó. La herejía nestoriana, que separaba y aislaba las dos “naturalezas” de Jesús, fue rechazada por la iglesia como herejía. En su ascensión también, Cristo no dejó a un lado su humanidad para irrumpir en una esfera sobrenatural. A la diestra del Padre, Jesucristo sigue siendo el mismo Resucitado y en su segunda venida se manifestará corporal y visiblemente (Hch 1:11).
En la Biblia, pocas cosas son puramente “sobrenaturales” (en un “plano sobrenatural”) ¿Fue “sobrenatural” el nacimiento de Jesús? Los evangelios nos dicen que María lo concibió por el Espíritu Santo, pero su embarazo duró nueve meses (Luc 2:6; cf. 1:36), y el alumbramiento (2:6) fue como el de cualquier chiquillo, con todo y dolores de parto (cf. Ap 12:2). Nada indica que el embarazo de María y el nacimiento mismo de Jesús fuesen “sobrenaturales”. Es que Dios no hace esa distinción entre “natural” y “sobrenatural” sino que suele realizar sus propósitos divinos por medio de procesos “naturales”, sin manipularlos desde su trono celestial.
¿Fue “sobrenatural” la inspiración de las escrituras? Es cierto que el Espíritu Santo actuó de manera divina muy especial en el proceso de escribir los libros canónicos. Pero el Espíritu inspiró la Biblia por medio de autores humanos. La inspiración de las escrituras no fue un dictado “sobrenatural”, palabra por palabra, dejando a los autores bíblicos como simples autómatas en un proceso mecánico. Los profetas “estudiaron y observaron” el mensaje de salvación, buscando entenderlo mejor (1P 1:10-11); San Lucas buscó todas las fuentes y averiguó los hechos históricos de la vida de Jesús (Lc 1:1-4); San Pablo luchaba por comunicarse eficazmente, y hasta se lamentó por un momento de haber escrito una epístola a los corintios (1Cor 2:4; 2Cor 1:13-2:4,9; 6:11-13; 7:2,8-9). Cada autor bíblico se expresa desde su propio trasfondo, en su propio contexto y con su propio estilo literario. La inspiración de la Palabra de Dios no fue un dictado “sobrenatural” (para emplear ese término inapropiado) sino una confluencia dinámico entre acción divina y acción humana.
¿Funciona el cumplimiento de las profecías siempre a nivel “sobrenatural”? Sin poder entrar en detalles, conviene observar que la gran mayoría de las profecías del Antiguo Testamento se cumplieron mediante acción humana. Las profecías de la caída de Asiria se cumplieron por los ejércitos de Babilonia; de la caída de Babilonia, por los ejércitos de Persia; el fin del exilio de los judíos, por un decreto de Ciro. José y María no vivían en Belén, pero según el relato de Lucas, fue un decreto de Augusto César (Lc 2:1-7) que hizo cumplirse la profecía de Miqueas 5:2 (Mt 2:5-6). El arresto y crucifixión de Jesús, centrales al plan de Dios, fueron acciones humanas plenamente libres y responsables. Las profecías son reveladas divinamente, pero las más de las veces se cumplen humanamente, en el mismo “plano natural”.
Como último ejemplo, una sanidad divina, ¿se realiza en “la dimensión sobrenatural”? Me parece que no. Es acción de Dios, pero se realiza en un cuerpo de carne y hueso, en la tierra y no en algún plano “sobrenatural”. Y de hecho, ¿cuál sanidad no es divina, directa o indirectamente? Como dijo un famoso médico francés, “Dios los sana y nosotros les cobramos”. (Digo eso con todo respeto a la profesión médica y al admirable cardiólogo que recién me implantó un marcapasos).
¿A qué se debe este extraño (y yo diría, morboso) afán de “irrumpir en la dimensión sobrenatural”? ¿Podría interpretarse como un anhelo de escaparse de lo humano y lo histórico? ¿O peor, una ambición implícitamente idolátrica de subir al cielo y ser un poco igual a Dios? ¿O será simplemente una táctica más de algunos predicadores que, sin tener algo serio y bíblico para decir a sus oyentes, se afanan en inventar nuevas frases y conceptos exóticos de entretener a su público y mantener su propia popularidad y éxito?
Un vasto sector de la iglesia evangélica hoy está enfermo, que va tumbando insensatamente de una moda poco o nada bíblica a la próxima calentura teológica igualmente aberrante. Esas novedades sensacionalistas no edifican a la iglesia sino que hacen daño al pueblo del Señor. Que Dios nos tenga misericordia y sane su iglesia.
Escribo estas líneas la noche del sábado. Mañana iré a la iglesia, a la vuelta de la esquina de nuestra casa. Seremos unas cincuenta personas, y cantaremos todos con mucha fe y alegría los himnos y cánticos que nos inspiran. (¡Y cómo canta esta congregación, con fervor y entusiasmo!) Leeremos la Palabra del Señor y sentiremos su presencia. Confesaremos nuestro pecado y recibiremos el perdón de Dios. Compartiremos nuestras alabanzas y peticiones como una familia, y de hecho la somos. Oraremos. El pastor nos dará una exposición clara y sencilla de la Palabra del Señor, pero — ¡gracias mil a Dios! — no nos invitará a “irrumpir en la dimensión sobrenatural”.

No seas tan abierto de mente



Por Burk Parsons



El engaño supremo de nuestro enemigo está en su intento de convencernos de que él no existe. 

Para lograrlo, ha lanzado su ataque contra nosotros con toda arma de su arsenal cuidadosamente preparado. 
Quizás su principal éxito lo constituye el persuadirnos de que ser abiertos de mente es algo bueno. 
Porque es precisamente cuando  aceptamos la idea de que la apertura de mente es una virtud cristiana que caemos en la misma trampa diabólica en la que quedaron atrapados nuestros primeros padres. 
Una vez nuestras mentes se abren a la apertura de mente, todas las ideas, sin importar cuán absurdas, pueden entrar y salir a su antojo — con nuestra aprobación. 

Es así como nos convertimos en filósofos sin cabeza ni cerebro que sólo quieren llevarse bien con la gente. 

Uno de esos filósofos y auto designados teólogos escribió: “Creo que tenemos que repensar radicalmente nuestro entendimiento del lugar del cristianismo en el panorama religioso global. 
Y tenemos que encarar el hecho de que es un sendero entre otros, y entonces reformar nuestro sistema de creencias para que sea compatible con esto. Éste es el gran nuevo reto que los teólogos y los líderes de la iglesia tienen todavía que enfrentar. 
Tenemos que convertirnos conscientemente en lo que ha sido designado como pluralistas religiosos.” Éste es el mantra de los pluralistas religiosos: Libera tu mente, no te aferres a tu fe y siente el amor.
Aunque muchos evangélicos profesos se han convertido en precarias medusas evangélicas, preferiría pensar que la mayoría todavía no ha sucumbido a la clase más descarada de pluralismo religioso. 

No obstante, siendo el fundamentalista bíblico estrecho de mente que soy, soy un decidido estrecho de mente para cualquier cosa que no sea bíblica, y coincido con Juan Calvino: “Toda teología, cuando se separa de Cristo, no sólo es vana y confusa, sino también desquiciada, engañosa y espuria; porque, aunque algunas veces los filósofos expresan dichos excelentes, sin embargo no tienen sino aquello que es de corta vida y que se encuentra mezclado con sentimientos impíos y errados.” 
Como fieles cerrados de mente que pensamos con la mente de Cristo, debemos unir armas contra el pluralismo satánico de nuestros días, ya sea esto algo decretado desde el Vaticano o proclamado desde La Meca. Vivimos y respiramos únicamente por Cristo y proclamamos que sólo hay un camino para llegar a Dios. Jesús es el camino y la verdad y la vida (Juan 14:6).

domingo, 14 de agosto de 2011

Plántate donde puedas florecer



1 Tesalonicenses 3.6–13 (RVR60) — 6 Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, 7 por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe; 8 porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. 9 Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, 10 orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe? 11 Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. 12 Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, 13 para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos. 




En cuanto salió Miguel de la escuela, el entrenador de voleibol le dio la noticia de que no había sido elegido capitán del equipo.
Miguel se siente deprimido, tan deprimido que le parece que no va a ir a la reunión del club bíblico. Prefiere quedarse en casa y ahogar su desencanto comiendo un kilo de helados.
Pero como sabe que esto en realidad no hará más que darle un dolor de estómago, después de todo decide ir al club.
Cuando entre dientes le dice a sus amigos del club bíblico lo patético que es, ellos no sólo lo hacen dejar de rebajarse a sí mismo, sino que también lo hacen recordar qué talentoso y útil es en la escuela y en el grupo. Al final, Miguel se retira sabiendo que le cae bien a alguien, que es apreciado y que lo necesitan. Se va con una imagen más positiva de sí mismo.
¿Suena tonto? No lo es. Reconócelo: Tener amigos que te levantan cuando estás mal es mejor que ser atacado con insultos y sarcasmos.
La Biblia dice que Dios nos considera dignos de ser amados, valiosos y capaces; y tenemos todo el derecho de vernos de la misma manera. Junto con saber todo esto por medio de la Palabra de Dios, estar con la gente apropiada es una manera incomparable de realmente comprenderlo.
Apártate de los que te tratan como basura, y encuentra a los que de veras creen en ti, como cree en ti Dios. Aquí van algunas maneras de lograrlo:

Encuentra amigos que te aceptan tal cual eres. No busques a los que hablan demasiado ni los que usan la mejor ropa, sino a los que te dejan ser como eres porque están cómodos consigo mismos.

Encuentra amigos y líderes adultos que te dejen soñar e intentar cosas nuevas positivas, como trabajar de voluntario, hacer algún tipo de ministerio, que te hagan usar y ampliar el cerebro o que te hagan superarte en alguna actividad física. Es fácil detectar a los adultos que te quieren ayudar a descubrir los puntos fuertes que Dios ha puesto en ti.
Sé constante en ir a las clases de la Escuela Dominical y al grupo de la iglesia de entre semana, donde el ambiente no está cargado de sarcasmos y ataques verbales.
Súmate a un grupo pequeño de creyentes donde puedas ser transparente y directo en cuanto a tus luchas. Deja que te amen y te cuiden.
¿Captas cómo es el asunto? ¡El mejor lugar donde podemos estar es dondequiera encontremos un ambiente que puede ayudarnos a librarnos de una autoimagen negativa!