Hablando Claro

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sábado, 18 de junio de 2011

Dios Es Quien Pelea Nuestras Batallas

Si Dios Es Con Nosotros Quien Contra Nosotros




Deuteronomio 20:4.Porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestro enemigos, para salvaros.” 
Nuestros enemigos son los enemigos de Dios. Nuestras luchas no son contra los hombres, sino contra la maldad espiritual. Estamos en guerra contra el demonio, y la blasfemia, y el error, y la desesperación que él introduce en el campo de batalla. Luchamos contra todos los ejércitos del pecado: la impureza, la borrachera, la opresión, la infidelidad y la impiedad. Contra estas cosas contendemos ardorosamente, pero no con espada o lanza; las armas de nuestra guerra no son carnales.
Jehová, nuestro Dios, aborrece todo lo que es malvado, y, por tanto, Él sale con nosotros para luchar por nosotros en esta cruzada. Él nos salvará, y nos dará gracia para pelear una buena batalla y alcanzar la victoria. Podemos estar seguros de que si estamos del lado del Dios, Dios está de nuestro lado. Con tan augusto aliado, el conflicto nunca es dudoso en el mínimo grado. No se trata de que la verdad sea poderosa y haya de prevalecer, sino que el poder radica en el Padre que es Todopoderoso, y en Jesús que posee toda la potestad en el cielo y en la tierra, y en el Espíritu Santo que cumple Su voluntad entre los hombres.
Soldados de Cristo, cíñanse su armadura. Den en el blanco en el nombre del Dios de santidad, y por fe reciban Su salvación. No permitan que pase este día sin asestar un golpe por Jesús y por la santidad.

La gente Que Me Ve Quiero Que Te Vea Mi Dios






Isaías 33:10 Ahora me levantaré, dice Jehová; ahora seré exaltado, ahora seré engrandecido.” 

Cuando los merodeadores habían vuelto a la tierra tan baldía como si hubiese sido devorada por langostas, y los guerreros que habían defendido la tierra se sentaron y lloraron, entonces el Señor vino a su rescate. Cuando los viajeros desaparecieron de los caminos que conducían a Sion, y Basán y el Carmelo eran como viñas que no daban fruto, entonces el Señor se levantó. Dios es exaltado en medio de un pueblo afligido, cuando busca Su rostro y confía en Él. Él es todavía más exaltado cuando, en respuesta a sus clamores, se engrandece para liberarlos y derrotar a sus enemigos.
¿Es un día de aflicción para nosotros? Hemos de esperar ver ahora al Señor glorificado en nuestra liberación. ¿Nos hemos entregado a una ferviente oración? ¿Clamamos al Señor de día y de noche? Entonces el tiempo señalado para Su gracia está cerca. Dios será engrandecido en la ocasión precisa. Él se levantará cuando sea más propicio para que Su gloria sea manifestada. Deseamos Su gloria más de lo que anhelamos nuestra propia liberación. Cuando el Señor es exaltado entonces alcanzamos nuestro principal objetivo.

Señor, ayúdanos de tal manera que podamos ver que Tú mismo estás obrando. Que podamos exaltarte en lo más íntimo de nuestras almas. Haz que todos los que nos rodean puedan ver cuán grande y bueno eres Tú.

miércoles, 15 de junio de 2011

La Bendición Desciende De Dios


La bendición que da Jehová no añade con ella tristeza 





Salmo 128:5Bendígate Jehová desde Sion, y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida.” 
Esta es una promesa para el hombre temeroso de Dios que camina en los caminos de la santidad con diligente atención. Él tendrá una bendición doméstica: su esposa e hijos serán la fuente de una gran felicidad hogareña. Pero, además, como un miembro de la iglesia, él desea ver que la causa prospere, pues está tan preocupado por la casa del Señor como por la suya propia.
Cuando el Señor edifica nuestra casa, es justo que deseemos ver edificada la casa del Señor. Nuestros bienes no serán en verdad un bien a menos que promovamos mediante ellos, el bien de la iglesia elegida del Señor.
Sí, obtendrás una bendición cuando subas a las asambleas de Sion; serás instruido, vivificado y consolado en el lugar donde la oración y la alabanza ascienden y es dado el testimonio del Grandioso Sacrificio. “Bendígate Jehová desde Sion.”
Y no solamente tú serás beneficiado; la misma iglesia prosperará; los creyentes se verán multiplicados, y su santa obra se verá coronada de éxito. Ciertos hombres agraciados ven cumplida esta promesa para ellos durante toda su vida. ¡Ay!, cuando ellos mueren su causa a menudo se debilita. Debemos estar entre aquellos que traen buenas cosas a Jerusalén todos sus días. ¡Señor, por tu misericordia haznos como ellos!